La cantera de mármol es hoy un remanso de paz. Lo es desde su abandono. Y desde entonces, la vegetación ha ido recuperando poco a poco su espacio: retamas, sauces, álamos, abedules y abetos —especies pioneras— ya están muy presentes y salpican el lugar. Otras especies, de crecimiento más tardío, emergen lentamente entre la grava y los bloques de roca.



En cuanto a los animales, el tiempo les ha hecho saber que ahora son pocos los humanos que pisan el lugar. Curiosamente, las vallas que delimitan la zona son, en esta ocasión, sinónimo de tranquilidad para ellos. Así lo demuestran las numerosas huellas que atraviesan la cantera de un extremo a otro. Aquí y allá se ven surcos y desprendimientos de rocas. Señales de paso habituales. En una ocasión, he podido ver a plena luz del día a una familia de jabalíes, dos cachorros de zorro y un corzo al mismo tiempo.
Con el paso del tiempo, el agua de lluvia ha creado charcos en las depresiones del suelo. En la temporada cálida, estos acogen los conciertos de los anfibios.
Pero es al atardecer cuando el dueño del lugar revela su presencia con su canto lúgubre y grave. Cuando el manto negro de la noche cubre el cielo, el búho real alza el vuelo y anuncia la hora de la muerte. Se hace el silencio.

Hace cuatro años me topé con él por primera vez. Mi padre me había recordado la existencia de esa cantera abandonada no muy lejos del pueblo, y me había acercado en bicicleta para explorar la zona. Había leído que esos lugares podían ser propicios para la nidificación del búho real o del halcón peregrino. Era pleno verano, a plena luz del día. No tenía ninguna expectativa en particular, simplemente quería ver cómo era el lugar.
Y de repente… mientras recorría los acantilados que iba descubriendo poco a poco, un ruido me llamó la atención hacia la pared a mi derecha. Al seguir la trayectoria de las piedras que rodaban por ella, mis ojos acabaron posándose en una forma extraña. Me llevó un momento comprender lo que tenía delante. Apenas me di cuenta de que ya estaba alzando el vuelo. Luego, un segundo ejemplar, que había permanecido oculto hasta entonces, hizo lo mismo unos segundos después. No me lo podía creer… ¡Una pareja de búhos reales anidaba a dos pasos del pueblo!
Desde entonces, los indicios que deja (plumas, egaggrópilas, restos de presas y excrementos) o su canto me confirman cada año su presencia. He pasado varias horas al acecho y durmiendo allí mismo para intentar observarlo, fotografiarlo y aprender más sobre su comportamiento.



Lo he visto unas cuantas veces. Pero suele ser algo fugaz. Una silueta que pasa y luego desaparece. A menos que se tenga suerte o se haya realizado un trabajo de campo previo, su comportamiento estrictamente nocturno complica la tarea. Mi única observación clara tuvo lugar durante los primeros vuelos de las crías, que son menos ágiles y emiten gritos que permiten localizarlas más fácilmente.

Este año (las fechas que aparecen en los vídeos no siempre son correctas), he decidido colocar allí una cámara de fototrampeo para intentar conseguir algunas imágenes y comprender mejor sus movimientos, sin molestarlo.
La primera vez la coloqué en la parte alta de uno de los riscos. Acababa de encontrar allí una egagrópila recién dejada y plumas de una paloma desafortunada. La cámara permaneció allí cerca de tres semanas. Pasaron jabalíes, zorros y un corzo, pero no hubo rastro del búho real.
Al final, acabé cambiándo la cámara de sitio para ponerla en lo alto de una montaña de rocas, en medio de la cantera. Allí sabía que tarde o temprano el búho real acabaría. Los excrementos, las plumas y las egagrópilas suelen ser abundantes en ese lugar. Un poco por casualidad, la cámara acabó permaneciendo allí más de tres meses. Y algunas de las imágenes superan con creces lo que jamás hubiera podido imaginar…
Además de imágenes chulas, estos videos aportan información complementaria a la que se obtiene en el campo. La dieta del búho real es muy variada. Es lo que se conoce como especie «oportunista». Puede cazar mamíferos, aves, anfibios, peces, reptiles… en hábitats muy variados.
Sin embargo, parece ser que se adapta al territorio en el que se encuentra, cazando principalmente la o las especies más abundantes y disponibles en la zona.
Aquí, según los vídeos, las egagrópilas y los restos de presas, he podido ver (sin análisis exhaustivo) que los roedores de pequeño y mediano tamaño (ratas, ratas de campo, topillos…) constituyen la mayor parte de su dieta. Sin embargo, también forman parte de ella algunas aves (córvidos, palomas…), el erizo (véase la foto un poco más arriba) y el coipú.


La cámara también grabó dos escenas de apareamiento. ¡Qué suerte…! Lo interesante en este caso es que los vídeos nos revelan otra faceta del comportamiento del búho real: la ofrenda de una presa a la hembra antes del apareamiento. La sensibilidad de la cámara trampa no siempre es óptima, por lo que hay algunos fragmentos de varios minutos sin grabación, pero esta es mi interpretación de los vídeos que aparecen a continuación, grabados el 26 de febrero:
5h46: El macho despluma a un córvido que acaba de cazar
6h13: la ofrenda tiene lugar
6h14: la hembra se alimenta de la presa
6h15: el macho vuelve para aparearse con la hembra
El segundo apareamiento grabado tuvo lugar el 16 de marzo, pero cabe suponer que hubo otros. Las ofrendas, los cantos y los repetidos apareamientos permiten optimizar el éxito reproductivo y reforzar los lazos entre las parejas.
Fuí a recuperar la cámara a principios de abril; llevaba ya unos días sin batería. Volví al lugar a mediados de mayo para hacer un acecho y comprobar si todo iba bien. Pude oír a un ejemplar y, al caer la noche, vi a uno alzar el vuelo.
Llevo varios años intentando localizar el nido y, aunque tengo una idea aproximada de la zona en la que se encuentra, el misterio sigue sin resolverse. Quizá este año sea el bueno…
En cualquier caso, es fantástico ver cómo la vida se abre paso en espacios que antes fueron modificados y explotados por el ser humano. Solo es cuestión de tiempo y de dejar que las cosas sigan su curso…
Toda esta aventura no habría tenido lugar si no me hubiera adentrado hace cuatro años en esta cantera, en busca del búho real o del halcón peregrino. A menudo no nos imaginamos hasta qué punto suceden cosas apasionantes a un paso de nuestra puerta. ¡Y lo mismo te pasa a ti! Nos esperan un montón de sorpresas, encuentros y aprendizajes ahí fuera, si nos tomamos el tiempo de observar y prestamos atención a los demás seres vivos.
