En Europa del Este, en la frontera entre Polonia y Bielorrusia, se encuentra el que hoy es considerado como el último bosque primario de llanura de Europa: el bosque de Białowieża.
Por una sucesión de acontecimientos históricos, gran parte del bosque ha conservado su dinámica natural a lo largo de los últimos milenios. Si lo comparamos con el resto de bosques de llanura del viejo continente, los registros arqueológicos, palinológicos e históricos del bosque de Białowieża muestran tan solo una leve intervención humana en los últimos 12 000 años.
En su conjunto, alberga una gran variedad de ecosistemas forestales (bosques de caducifolias, bosques de coníferas, bosques mixtos, bosques húmedos) y no forestales (humedales, valles fluviales, praderas húmedas y secas).
Con motivo de unas prácticas como asistente de investigación, tuve la suerte de pasar allí cinco meses, de enero a junio. Presenciando así la transformación progresiva del bosque, desde la rudeza y el silencio del invierno hasta la explosión de vida del final de la primavera.
No he visto con mis ojos ningún sitio en Europa donde la vida salvaje se concentre de esta manera. Y en ningún otro lugar me he sentido así. Da la sensación de que puede pasar cualquier cosa. Abundan los restos de depredación: cadáveres, cráneos, patas, pelos, plumas, sangre… El ciclo de la vida en estado puro. Sencillo y complejo a la vez. No hay nada más vivo que la materia muerta.
Y todo esto a dos pasos de casa. Quizá sea eso… allí es el bosque el que le deja espacio al ser humano, y no al revés. La frontera con lo salvaje se desvanece…










































